San José María Robles Hurtado

Uno de los primeros mártires mexicanos que fueron canonizados en 21 de mayo del 2000 por S.S. Juan Pablo II

Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado Los restos de San José María Robles Hurtado

Nació en Mascota Jalisco el 03 de mayo de 1888, Hijo de Antonio de Robles Mardueño y Petronila Hurtado Uribe. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento. Recibió la confirmación el 10 de marzo de 1896. Hizo su Primera Comunión el 12 de septiembre de 1895 en la localidad de La Yerbabuena (mpio. de Mascota). Inició sus estudios en la escuela parroquial y continuó su instrucción primaria en la escuela oficial.

En 1901 ingresó al Seminario de Guadalajara. En 1904 estuvo a punto de dejar el seminario al sufrir varias enfermedades y pretextando pueriles penalidades; pero sus padres, con amor y energía, le hicieron recapacitar en la sublimidad de su vocación, y al practicar unos ejercicios espirituales se afianzó en su vocación. Uno de los males que lo aquejaban, eran fuertes dolores de cabeza, por vista cansada, que desaparecieron al adaptarle los lentes, que usó por el resto de su vida.

Era inteligente y muy estudioso, por lo que siempre se distinguió con máximas calificaciones. Fue tonsurado en enero de 1905. Siendo estudiante de Teología, en 1908 acompaña a uno de sus profesores, don Ignacio Plascencia, nombrado Obispo de Tehuantepec, para misionar durante cuatro meses y medio en el estado de Oaxaca. En 1911 recibió el subdiaconado y el diaconado; un año más tarde le confiaron los cargos de vicerrector y ecónomo del seminario.

Poco antes de cumplir los 25 años de edad, fue ordenado sacerdote el 22 de marzo de 1913 en el templo de la Soledad de Guadalajara, por el Excmo. Sr. Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez. Sus primeros ministerios estables empezaron en Guadalajara. Fue capellán de las de las "Siervas de Jesús Sacramentado", y director del "Instituto del Sagrado Corazón" (primaria y preparatoria) que desapareció con el avance de las fuerzas de Obregón. En mayo de 1914 fue enviado a su natal Mascota en vacaciones forzadas y adelantadas.

No podía regresar a Guadalajara porque había represalias contra el clero, permaneció en Mascota hasta 1916. Allí se dedicó a escribir algunos folletos de inspiración ascética. El estilo del Padre José María Robles en sus cartas es llano, sencillo y de naturaleza afectuosa. Su poesía es totalmente religiosa: se cuentan 60 composiciones en verso (dramáticas unas, líricas otras) y 56 himnos vertidos al latín. La prensa era su arma favorita. La esgrimía con oportunidad y habilidad. Desde que era seminarista aportó sus versos satíricos y su prosa apologética en publicaciones católicas en contra de pasquines blasfemos y anticlericales.

Siendo capellán en Mascota de las religiosas del "Verbo Encarnado", y durante la celebración de la Misa, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, 11 de junio de 1915, tuvo la inspiración de fundar una congregación religiosa cuyo carisma se inspiraba en el pensamiento: "Ya no verdugos, sino víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús".

En 1916 fue destinado como ministro a la parroquia de Nochistlán, Zacatecas, cuyo párroco era el Sr. Cura Román Adame (ahora Santo Mártir). Allí fue nombrado profesor del seminario auxiliar y en su ministerio dio pruebas innumerables de obediencia, piedad, laboriosidad y abnegación. Por unos cuantos días fue trasladado como ministro a Mexticacán, Jalisco, pero regresó nuevamente a Nochistlán.

El 27 de diciembre de 1918 fundó la congregación de Victimas del Corazón Eucarístico de Jesús, después de vencer serios obstáculos y siempre con ejemplar sumisión a las autoridades eclesiásticas. Siete fueron las hermanas fundadoras.

En diciembre de 1920 fue nombrado párroco de Tecolotlán, Jalisco. Mes y medio más tarde fue nombrado también vicario foráneo, o representante del obispo en una región territorial de la Arquidiócesis de Guadalajara, que la formaba Tecolotlán, Tenamaxtlán, Unión de Tula, Ayutla y Juchitlán; todas estas poblaciones situadas a la mitad del camino de Guadalajara a la costa sur del estado de Jalisco. Sus deberes eran: ejercitar cierta supervisión sobre los párrocos de su vicaría, y suplirlos en caso de necesidad.

Desde su primer sermón se ganó la confianza y admiración de sus feligreses y con su fervorosa predicación comenzó a encender en el corazón de todos el amor al sagradísimo corazón de Jesús. Una de sus primeras preocupaciones fue visitar el hospital y al encontrarlo en ruinas concibió la idea de reedificar la finca.

Formó grupos de fieles para integrarlos a la labor parroquial, sin distinción de clases, sexos o edades. Tuvo especiales atenciones para los obreros, a quienes exhortaba a la fraternidad y a la observancia de una vida netamente cristiana. Se ganó la simpatía de sus feligreses por brindarles un trato siempre amable, de sincera amistad, de estímulo al cumplimiento de sus deberes.

Con motivo de la persecución religiosa tuvo que ocultarse desde enero de 1927, puesto que el gobierno federal le había declarado una persecución más severa desde que colocó la cruz en "La Loma", considerando este hecho como un delito. Desde la casa donde estaba escondido vigilaba, oraba y trabajaba por sus feligreses, a los que nunca quiso abandonar. En ese tiempo se dedicó a escribir las normas que habrían de regir a la comunidad religiosa fundada por él.

El 25 de junio de 1927 se disponía a celebrar la santa misa cuando llegaron los soldados y sitiaron la casa de la familia Agraz, luego entraron a catearla por orden expresa del coronel Calderón, quien había recibido telegráficamente esta orden:

Procédase con todo rigor en contra del cura rebelde

Los soldados tomaron prisionero al Padre José María Robles y lo condujeron al cuartel de los agraristas donde pasó el resto del día y parte de la noche. Se iniciaron algunas diligencias ante los jefes militares para lograr su libertad pero fueron rechazadas hasta con groserías.

A media noche, sujeto con cuerdas, fue sacado de la cárcel y obligado a caminar rumbo a la sierra de Quila. Un soldado al notar que se le dificultaba caminar, le cedió el caballo. Al llegar a la parte más alta de la sierra, los soldados se detuvieron a los pies de un frondoso roble. El Padre José María comprendió que lo iban a ahorcar entonces libro de toda culpa a sus agresores, tomo la cuerda en sus manos, la bendijo y se la echó al cuello. Los soldados consumaron el crimen y lo bajaron. Poco tiempo después ordenando a unos arrieros que dieran aviso a la gente de la ranchería de Quila que allí estaba un ajusticiado; era la madrugada del 26 de junio de 1927.

Vinieron algunas personas de una carbonera cercana y sepultaron superficialmente el cadáver, sin reconocer que era el del Señor Cura de Tecolotlán. Al día siguiente, 27 de junio, fue exhumado por gente de Quila y llevado a la población donde lo velaron y le dieron sepultura.